Tijuana, Baja California, 1 de octubre de 2026.- Después de meses en los que el peso mexicano sorprendió por su fortaleza, el panorama cambió rápidamente: el dólar volvió a superar los 18 pesos y este jueves llegó momentáneamente por encima de los 18.40 pesos por unidad.

No significa que México haya entrado repentinamente en una crisis económica ni que exista una sola causa detrás del movimiento.

Lo que ocurre es más parecido a un cambio en las condiciones que hicieron especialmente atractivo al peso durante los últimos años.

Y para entenderlo no hace falta ser economista.

Primero: ¿qué significa que “suba el dólar”?

Cuando se dice que el dólar pasó, por ejemplo, de 17 a 18 pesos, significa que ahora necesitamos más pesos para comprar exactamente el mismo dólar.

En otras palabras, el dólar se fortaleció frente al peso o, visto desde México, el peso perdió valor frente al dólar.

La diferencia puede parecer pequeña cuando se habla de uno o dos pesos, pero aumenta rápidamente en operaciones mayores.

Una compra de 500 dólares cuesta 8,500 pesos con un dólar a 17 pesos. Con un dólar a 18.40, esa misma cantidad representa 9,200 pesos.

Son 700 pesos adicionales, sin que el precio en dólares haya cambiado.

Para ciudades fronterizas como Tijuana, Mexicali o Tecate, donde una parte importante de la población cruza, compra, trabaja o realiza operaciones en dólares, esos movimientos pueden sentirse más rápido.

¿Qué hizo cambiar al peso?

Una de las principales explicaciones está en algo que sucede lejos de las casas de cambio: las tasas de interés de México y Estados Unidos.

Durante bastante tiempo México pagó tasas considerablemente mayores que Estados Unidos.

Eso atrajo a grandes inversionistas internacionales.

De manera muy simplificada, podían colocar dinero en México y obtener rendimientos atractivos. Para hacerlo necesitaban comprar pesos.

Mientras más inversionistas querían pesos, mayor era la demanda por la moneda mexicana.

Ese fenómeno ayudó al llamado “superpeso”.

Pero las condiciones cambiaron.

La Reserva Federal de Estados Unidos elevó recientemente su tasa de interés al rango de 3.75% a 4.00%, mientras Banco de México decidió mantener la suya en 6.50%.

La distancia entre ambas tasas se redujo considerablemente.

¿Y eso qué tiene que ver con el dólar?

Mucho.

Imagine dos bancos: uno paga intereses muy altos y otro considerablemente menos. Probablemente elegiría el primero.

Pero si el segundo comienza a pagar cada vez más, mientras además considera que su dinero estará en un lugar más seguro, cambiarse empieza a resultar atractivo.

Algo parecido están haciendo algunos grandes inversionistas.

Parte del dinero está saliendo del peso

Durante años existió una estrategia muy utilizada por inversionistas internacionales conocida como carry trade.

El nombre suena complicado, pero la idea es sencilla:

conseguir dinero donde resulta barato y colocarlo donde paga mejores intereses.

México era particularmente atractivo para hacerlo.

Ahora la diferencia de tasas entre México y Estados Unidos se ha reducido y, con ello, también disminuyó parte de la recompensa por mantener inversiones en pesos.

Janneth Quiroz, directora de Análisis Económico de Monex, ha explicado que conforme disminuye esa diferencia, también se reduce el incentivo para mantener posiciones en moneda mexicana.

Bloomberg reportó que firmas como Société Générale, Morgan Stanley y Banco Base modificaron sus estimaciones sobre el peso ante este cambio de condiciones. Gabriela Siller, directora de Análisis Económico de Banco Base, lo resumió con una frase particularmente gráfica: “la fiesta del carry trade terminó”.

Cuando esos inversionistas salen de posiciones mexicanas ocurre algo importante:

venden pesos y compran otras monedas, principalmente dólares.

Eso presiona al peso a la baja.

Pero no todo es culpa de México

Esta parte es fundamental.

El dólar también se está fortaleciendo internacionalmente.

Durante las últimas semanas aumentaron las expectativas de que las tasas estadounidenses permanezcan elevadas, mientras los precios internacionales del petróleo y las tensiones geopolíticas han incrementado la incertidumbre.

En esos periodos muchos inversionistas buscan activos considerados más seguros y aumenta la demanda por dólares.

El índice que mide al dólar frente a varias de las principales monedas internacionales llegó este jueves a su mayor nivel desde abril de 2025.

Por eso una parte de lo que estamos observando no es únicamente debilidad del peso: también es fortaleza del dólar.

¿Qué tan fuerte ha sido el cambio?

Bastante.

El peso llegó aproximadamente a 16.86 unidades por dólar el 4 de septiembre.

Terminó septiembre alrededor de 18.08 pesos, acumulando una depreciación mensual superior al 6%.

Este jueves 1 de octubre, durante la mañana, el dólar llegó a superar momentáneamente los 18.40 pesos.

Eso representa un movimiento de aproximadamente 1.50 pesos por dólar en menos de un mes desde el mejor nivel alcanzado por la moneda mexicana en septiembre.

¿Significa que el dólar seguirá subiendo?

No necesariamente.

Los tipos de cambio pueden moverse rápidamente en ambas direcciones y ninguna institución puede asegurar dónde estará el dólar dentro de unas semanas.

De hecho, las estimaciones entre especialistas han cambiado conforme aparecen nuevos datos.

Société Générale ajustó recientemente su estimación de cierre de año de 17.25 a 18 pesos por dólar; Morgan Stanley modificó la correspondiente al cuarto trimestre a 18.25, mientras Banco Base la cambió de 17.80 a 18.20 pesos. Son pronósticos, no garantías de que el mercado terminará exactamente en esos niveles.

También existen elementos que podrían favorecer nuevamente al peso.

Si disminuyen las expectativas de nuevas alzas de tasas en Estados Unidos, baja la tensión internacional o regresan inversionistas hacia mercados como México, parte del movimiento podría revertirse.

Lo contrario también es posible.

¿Y qué significa para quienes vivimos en la frontera?

Aquí es donde el tipo de cambio deja de ser una gráfica financiera y llega al bolsillo.

Un dólar más caro encarece, medido en pesos, las compras realizadas en Estados Unidos, restaurantes, gasolina, viajes, colegiaturas, suscripciones o servicios cobrados en dólares.

Para alguien que recibe ingresos en dólares y gasta principalmente en México ocurre el efecto contrario: al convertirlos obtiene más pesos.

También puede aumentar gradualmente el costo de productos importados, aunque un movimiento del dólar no significa que todos los precios subirán inmediatamente ni en la misma proporción.

Por eso tampoco es necesario entrar en pánico cada vez que cambia la cotización.

Lo verdaderamente importante será observar si el dólar permanece durante semanas en estos niveles o si se trata de una reacción temporal de los mercados.

El “superpeso” perdió uno de sus principales motores

El peso mexicano no se volvió repentinamente una moneda débil.

Lo que cambió fue parte del escenario extraordinariamente favorable que lo había impulsado.

México continúa ofreciendo tasas superiores a las estadounidenses, pero la diferencia ya no es tan grande y algunos inversionistas consideran que recibir dólares resulta ahora relativamente más atractivo.

A eso se suman un dólar fortalecido internacionalmente, petróleo caro, incertidumbre geopolítica y mercados financieros más cautelosos.

La combinación ayuda a explicar por qué en pocas semanas pasamos de hablar de un dólar cercano a 17 pesos a verlo nuevamente por encima de 18.

Para el ciudadano común, probablemente la pregunta más útil no sea si mañana el dólar subirá o bajará algunos centavos.

Será otra:

¿los factores que hicieron fuerte al peso están regresando o continúan desapareciendo?

La respuesta a esa pregunta será la que determine si este episodio termina siendo una corrección temporal o el comienzo de una nueva etapa para el tipo de cambio.

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