CIUDAD DE MÉXICO, 7 de octubre de 2026.- La inteligencia artificial ya puede crear una canción en cuestión de segundos. El problema comienza cuando esa tecnología utiliza la voz, identidad o material protegido de un artista sin su autorización y el resultado termina circulando entre millones de canciones legítimas.

La dimensión del fenómeno empieza a ser mucho más clara.

Sony Music ha solicitado a plataformas digitales retirar más de 260 mil pistas relacionadas con contenido generado o manipulado mediante inteligencia artificial, de acuerdo con información publicada por Billboard.

La cifra convierte un fenómeno que hasta hace poco podía parecer anecdótico —una canción falsa que se vuelve viral imitando a un cantante famoso— en un problema de escala industrial.

¿Qué es exactamente una canción “deepfake”?

No significa que cualquier canción creada utilizando inteligencia artificial sea automáticamente ilegal o fraudulenta.

El conflicto aparece principalmente cuando la tecnología permite imitar sin autorización la voz o identidad de un artista, utilizar material protegido para generar nuevas grabaciones o presentar una pieza sintética de forma que pueda hacer creer al público que pertenece a un músico real.

La propia industria musical está intentando establecer esa diferencia.

En julio, organizaciones y compañías del sector impulsaron un sistema voluntario para distinguir grabaciones “AI-Generated”, donde la IA produce la totalidad o parte principal de los elementos creativos, de aquellas “AI-Assisted”, realizadas fundamentalmente por personas pero que emplean inteligencia artificial como herramienta en algunos elementos.

Es una distinción importante: el debate no es simplemente humanos contra inteligencia artificial.

La discusión está cada vez más centrada en consentimiento, derechos de autor, identidad y transparencia.

De una canción falsa a una fábrica de canciones

Ahí está el verdadero tamaño de la historia.

Crear música tradicionalmente implica estudios, músicos, compositores, productores, ingenieros y horas de trabajo. Los nuevos modelos generativos permiten producir enormes cantidades de audio con una velocidad que antes era imposible.

Eso también significa que contenido problemático puede aparecer mucho más rápido de lo que artistas, sellos y plataformas pueden detectarlo.

Sony Music ya ha advertido públicamente sobre otro problema relacionado: algunas grabaciones desarrolladas mediante herramientas de IA utilizan modelos entrenados con música de artistas sin autorización, mientras que determinadas pistas generadas artificialmente también pueden relacionarse con prácticas de manipulación de reproducciones. 

La compañía forma además parte de una iniciativa de la industria para combatir el fraude en streaming, que plantea verificar derechos, identificar contenido infractor y detectar riesgos relacionados con inteligencia artificial antes de que lleguen a las plataformas. 

¿Podría aparecer una canción falsa de tu artista favorito?

Sí. Y técnicamente cada vez resulta más sencillo.

Los sistemas de clonación de voz pueden producir interpretaciones artificiales capaces de recordar a voces conocidas. Si ese material se publica sin suficiente identificación, un usuario podría encontrarse con una canción que aparenta pertenecer a determinado artista cuando éste nunca la grabó, interpretó ni autorizó.

El asunto va más allá de Spotify o cualquier plataforma concreta.

Una grabación puede comenzar en servicios de generación de IA, pasar por distribuidores digitales y después propagarse mediante redes sociales, videos, cuentas de fans y otras plataformas.

Cuando finalmente se detecta, pueden existir numerosas copias.

La industria está intentando poner una frontera

Sony Music lleva tiempo endureciendo su postura sobre este terreno.

La compañía respalda en Estados Unidos la NO FAKES Act, legislación diseñada para establecer protecciones frente al uso no autorizado de réplicas digitales de la voz y apariencia de las personas.

En septiembre de 2026 también se convirtió en la primera compañía musical en incorporarse a ARIAM, una coalición enfocada en promover un desarrollo responsable de inteligencia artificial en industrias creativas. 

Y las grandes discográficas están planteando otra frontera: que una grabación desarrollada con IA sólo pueda competir en listas musicales cuando las herramientas utilizadas sean legales y autorizadas, la obra sea sustancialmente humana y no existan indicios de manipulación de reproducciones. Sony Music

El problema ya cambió de escala

Los deepfakes musicales comenzaron llamando la atención porque podían imitar sorprendentemente bien a una estrella.

Ahora el dato de más de 260 mil solicitudes de retiro apunta hacia una discusión diferente.

La inteligencia artificial no solamente permite fabricar una canción falsa convincente. Permite producir contenido sintético en cantidades que serían prácticamente imposibles mediante procesos tradicionales.

Por eso, la próxima batalla de la música digital probablemente no será decidir si la inteligencia artificial puede utilizarse para crear música.

Será determinar quién autorizó esa creación, con qué material fue construida, a quién pertenece la voz que escuchamos y cómo sabrá el público si detrás de una canción existe realmente un artista.

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