TOKIO.- Empezaron con un virus y una espera de un año. Acabaron con un tifón y el virus. En medio: pasó casi de todo.
Los Juegos OlĂmpicos de Tokio, bautizados con un “2020” pero disputados a mediados de 2021 tras un aplazamiento de un año por el coronavirus, bajaron su telĂłn la noche del domingo con un balance surrealista para JapĂłn y para el mundo.
Al compás de la percusiĂłn y el tema “Mundos que Compartimos” — una nociĂłn optimista pero irĂłnica de los Juegos — Tokio entrĂł en sintonĂa con ParĂa, la sede la cita de verano en 2024. Y asĂ, los Juegos OlĂmpicos más extraños que se conozcan empezaron a despedirse.

Celebrados en medio de un resurgimiento de la pandemia, con el rechazo de la mayorĂa de los japoneses y trastornados por meses de problemas administrativos, estos Juegos presentaron una serie de obstáculos logĂsticos y mĂ©dicos como ninguno otro. TambiĂ©n dieron espacio a una seria discusiĂłn sobre la salud mental — y, en cuanto al deporte, ofrecieron emocionantes momentos de consagraciones y varias decepciones.
Desde antes, las expectativas eran modestas en el mejor de los casos, y apocalĂpticas en el peor.
“Ustedes fueron más veloces, saltaron lo más alto y fueron más fuertes porque todos estuvimos juntos — solidarios”, proclamĂł a Bach a la familia olĂmpica al clausura los Juegos. “Esto resultĂł ser más admirable dados los muchos desafĂos que tuvieron que afrontar debido a la pandemia. En estos momentos tan difĂciles, le dieron el más preciado obsequio: la esperanza”.
“Por primera vez desde el inicio de la pandemia, el mundo entero llegar a estar juntos”, añadió.
ExagerĂł un poco.

En estos Juegos, la propia palabra “juntos” generaba pavor. Se vetĂł la presencia de pĂşblico. Una serie de protocolos mantenĂan a los deportistas con mascarillas y guardando la distancia en las premiaciones, mientras se restregaban sudados en ciertas competencias. Pero no habĂa otro remedio. Eran riesgos que podrĂan mitigarse, pero al mismo tiempo se tenĂa que seguir adelante.
La perseverancia de los atletas fue el foco central. La salud mental captĂł atenciĂłn como nunca antes y los atletas revelaron sus relatos y sufrimientos de forma cruda.
LOS SEGUNDOS JUEGOS OLÍMPICOS DE JAPÓN
Los segundos Juegos OlĂmpicos de verano en JapĂłn, montados 57 años tras aquella memorable cita de 1964 que reinsertĂł al paĂs al mundo tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial, mostrĂł a un mundo ávido de unirse en medio de una coyuntura histĂłrica en la que la pandemia y la polĂtica lo tienen fragmentado. Con ese trasfondo, las gestas deportivas no faltaron.
Entre lo destacado: Yulimar Rojas rompiendo el rĂ©cord mundial de salto triple para convertirse en la primera mujer venezolana que se consagra campeona olĂmpica. Allyson Felix estableciendo un rĂ©cord estadounidense con 11 medallas en el atletismo para despedirse del entramado olĂmpico. La notable cosecha de medallas del anfitriĂłn, casi duplicando su mejor actuaciĂłn previa. La apariciĂłn del surf, el skate y la escalada como deportes populares y viables en el programa, incluso cuando un tifĂłn hizo más bravas las olas para los surfeadores durante la primera semana.

MARCADOS POR EL COVID-19
Toda justa olĂmpica es un microcosmos del mundo que refleja y esta lo reflejĂł como nunca. Su antesala y las dos semanas de competencias estuvieron marcadas por una infinita cantidad de pruebas de diagnĂłstico de COVID-19 a travĂ©s de la saliva, para los atletas, el personal, los periodistas y los visitantes. Se habĂan detectado algo más de 400 positivos, muy por debajo del dato fuera de la burbuja olĂmpico, donde el incremento de los casos provocĂł que el gobierno japonĂ©s ampliara el estado de emergencia.
Y, desde luego, está el otro microcosmos del ser humano que quedó expuesto en estos Juegos: la acuciante presión con que los mejores deportistas deben lidiar, compitiendo al máximo para ganar a cualquier costo. La interrupción de esa narrativa, al aflorar los suplicios de la gimnasta Simone Biles y de la tenista Naomi Osaka en particular, permeó y abrió un debate entre los atletas que todo el mundo anticipa que continuará.
“Al final de cuentas, no sólo somos entretenimiento. Somos humanos y hay cosas tras bambalinas con las que debemos lidiar”, dijo Biles tras retirarse de la final por equipos en la gimnasia.
En lo que Tokio entrega la posta de los Juegos de Verano a ParĂs para 2024, la demora implica dejar apretadas dos citas olĂmpicas. Los prĂłximos Juegos de Invierno arrancarán dentro de seis meses en otra metrĂłpolis asiática – Beijing, el rival de JapĂłn en el este de Asia y en donde se espera que un gobierno autoritario organice sus Juegos de una manera más draconiana y restrictiva, con o sin virus.
En las últimas semanas, mucha gente — dirigentes, deportistas y periodistas — han meditado acerca de cómo serán recordados estos Juegos. Eso le corresponderá a la historia. Pero hay ciertas pistas. Los preparativos fueron un marasmo. Se compitió con recelo, pero sin incidentes. El gasto de hasta 15.000 millones de dólares fue colosal y perdurará en Tokio por mucho tiempo.

ÂżY quĂ© se supone que deben ser los Juegos OlĂmpicos? ÂżUn evento libre de interferencias polĂticas como insiste el COI? ÂżUna bonanza para los patrocinadores y los dueños de los derechos de televisiĂłn? ÂżUn paso pequeño por la paz mundial? Pese a todo lo que se analiza sobre los Juegos, su identidad sigue sin definir y la pregunta persiste.
Pero al apagarse el fuego olĂmpico se antoja fácil argumentar que Tokio puede decir que sus Juegos no fracasaron — al tener que superar tantos inconvenientes para que fueran realidad. Al tiempo que la campaña de vacunaciĂłn avanza o se mantiene, aparecen variantes y se ordenan nuevos confinamientos alrededor del mundo, otra ciudad y otro gobierno — Beijing, la capital de China — tendrá que lidiar con la misma interrogante.
Con informaciĂłn de Agencia AP.


