El Día Nacional del Mezcal, que se conmemora cada 20 de octubre, rinde homenaje a una de las bebidas más representativas de México. Con raíces prehispánicas y una denominación de origen que abarca nueve estados del país, el mezcal ha dejado de ser un producto de consumo local para convertirse en un embajador cultural y económico a nivel internacional.
De acuerdo con cifras de la Secretaría de Economía, las exportaciones de mezcal crecieron más del 300% en la última década, con Estados Unidos, España y Canadá como principales destinos. Actualmente, más de 800 marcas registradas y 500 palenques certificados forman parte de esta cadena productiva, donde las comunidades rurales juegan un papel fundamental.
La bebida se obtiene de la destilación del maguey —con más de 30 variedades utilizadas— y su elaboración sigue siendo artesanal en gran parte de los casos. Este proceso, que incluye la cocción en hornos de piedra, la molienda con tahona y la fermentación natural, es considerado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO desde 2010.
Un símbolo que trasciende
Además de su importancia económica, el mezcal se ha posicionado como un elemento de identidad cultural. Festivales como la Feria Nacional del Mezcal en Oaxaca y el creciente interés de la industria restaurantera han impulsado su popularidad entre nuevas generaciones, quienes lo asocian tanto con tradición como con innovación.
Contexto actual: cuánto se paga y cómo
En México, una botella de mezcal artesanal puede oscilar entre 350 y 2,000 pesos, dependiendo de su origen, variedad y proceso de producción. El pago de impuestos, principalmente a través del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) y el IVA, se realiza en la cadena de distribución formal, lo que representa un desafío para pequeños productores que buscan competir en el mercado regulado. Este costo fiscal se refleja directamente en el precio final al consumidor, encareciendo la bebida frente a otros destilados industriales.
Un futuro en expansión
Con el auge del turismo cultural y gastronómico, el mezcal se perfila como una de las cartas fuertes de México para fortalecer su identidad y al mismo tiempo dinamizar la economía local. Los productores advierten que el reto será mantener la autenticidad del proceso frente al riesgo de la industrialización.



