Tijuana, Baja California, martes 24 de marzo de 2026.- Del desgaste acelerado del asfalto a las lluvias intensas que se registran en temporada invernal, la aparición constante de baches en Tijuana responde a una combinación de factores estructurales que van más allá del mantenimiento superficial.
La ciudad se ubica en una zona con suelos arcillosos y arenosos que, al saturarse con agua, pierden estabilidad. Este fenómeno provoca que el pavimento se debilite desde abajo, generando grietas que con el paso del tráfico pesado terminan convirtiéndose en baches.
A esto se suma la variación térmica. Durante el día, el calor expande los materiales del asfalto; por la noche, las temperaturas más bajas los contraen. Este proceso continuo acelera el deterioro de las vialidades, especialmente en colonias con menor mantenimiento histórico.
El crecimiento urbano también influye. En las últimas dos décadas, Tijuana ha registrado una expansión acelerada hacia zonas con infraestructura limitada. Muchas calles fueron pavimentadas sin una base adecuada o con materiales de menor durabilidad, lo que reduce su vida útil.
El tránsito pesado es otro factor clave. Camiones de carga, transporte público y vehículos con sobrepeso circulan diariamente por avenidas que no siempre están diseñadas para soportar ese nivel de presión constante.
Aunque las campañas de bacheo son recurrentes, especialistas coinciden en que estas acciones suelen ser temporales. El relleno de baches atiende el síntoma, pero no siempre soluciona el problema estructural de fondo, lo que explica por qué muchos reaparecen semanas después.
El mantenimiento preventivo, la rehabilitación integral de vialidades y el uso de materiales más resistentes son algunas de las soluciones que se han planteado para reducir el problema a largo plazo.
Mientras tanto, para miles de conductores, los baches siguen siendo parte del trayecto diario, con impactos directos en la movilidad, el desgaste de vehículos y la seguridad vial.
