CIENCIA | 25 DE AGOSTO DE 2026.- ¿Pasar horas deslizando videos en TikTok puede modificar el cerebro?
La pregunta dejó de ser solamente una preocupación de padres y especialistas. Investigadores ya están observando qué ocurre en el cerebro de personas con mayor consumo problemático de videos cortos y han encontrado señales que llaman la atención.
Hay diferencias asociadas con regiones relacionadas con recompensa, toma de decisiones, atención y autocontrol.
Pero eso no significa que TikTok esté “dañando” o “inflamando” el cerebro, como aseguran publicaciones que se han viralizado.
La realidad científica es bastante más interesante.
Encontraron diferencias físicas en el cerebro
Una investigación publicada en 2025 en la revista científica NeuroImage estudió a 111 jóvenes universitariosmediante resonancia magnética.
Los investigadores encontraron que quienes presentaban mayores síntomas de uso problemático de videos cortos también mostraban mayor volumen de materia gris en la corteza orbitofrontal y ambos lados del cerebelo.
La corteza orbitofrontal participa en procesos relacionados con recompensa, toma de decisiones y evaluación de estímulos.
También encontraron diferencias de actividad en otras regiones cerebrales vinculadas con distintos procesos cognitivos.
El hallazgo es real.
Lo que cambia completamente su interpretación es algo fundamental: el estudio encontró una asociación, no demostró que TikTok provocara esas diferencias.
¿Entonces TikTok hizo crecer esas regiones?
No se sabe.
El estudio observó el cerebro de los participantes en un momento determinado. No los examinó antes de utilizar videos cortos para posteriormente comprobar cómo había cambiado su cerebro.
Eso deja abiertas dos posibilidades.
El consumo problemático podría estar relacionado con cambios que aparecen con el tiempo, pero también podría ocurrir que personas con determinadas características cerebrales sean más susceptibles a quedar atrapadas en sistemas de recompensas rápidas.
Para determinar qué ocurre primero hacen falta estudios que sigan a los usuarios durante años.
El estudio viral no dice lo que aseguran
Aquí aparece otro problema.
Una publicación difundida en Facebook cita el DOI 10.3389/fnhum.2024.1383913 para afirmar que personas “adictas a TikTok” tienen ciertas regiones cerebrales físicamente más grandes.
Pero ese DOI corresponde a otro estudio.
La investigación, publicada en 2024 en Frontiers in Human Neuroscience, analizó a 48 adultos jóvenes y utilizó electroencefalografía, no resonancias magnéticas.
Por lo tanto, ese experimento no pudo determinar que determinadas regiones del cerebro fueran más grandes.
Lo que sí encontró resulta igualmente interesante.
A mayor tendencia al consumo problemático de videos cortos, los investigadores observaron una menor señal de actividad cerebral relacionada con el control ejecutivo de la atención.
También encontraron una asociación con menor autocontrol.
Es decir: la publicación viral mezcló hallazgos de investigaciones diferentes.
Tampoco encontraron cerebros “inflamados”
La palabra “inflamados” tampoco corresponde con los resultados científicos.
Los investigadores encontraron diferencias en volumen de materia gris.
Mayor volumen cerebral no significa inflamación ni necesariamente daño.
El tamaño y características de determinadas regiones pueden variar por múltiples factores, desde genética y desarrollo hasta aprendizaje, experiencia y comportamiento.
Por eso tampoco es correcto transformar “mayor volumen de materia gris asociado con mayor uso problemático” en “TikTok hace crecer el centro del cerebro que pide más TikTok”.
La ciencia no ha demostrado eso.
El algoritmo también importa
El fenómeno, además, podría no depender solamente de la duración de los videos.
Investigaciones anteriores con resonancia magnética funcional encontraron diferencias en la respuesta cerebral cuando las personas observaban contenido personalizado según sus intereses frente a videos no personalizados.
Esto resulta especialmente relevante porque plataformas como TikTok aprenden constantemente qué logra mantener la atención de cada usuario.
Cada deslizamiento ofrece una nueva posibilidad de recompensa: un video puede aburrir, el siguiente interesar y otro resultar extraordinariamente atractivo.
Ese sistema ayuda a explicar por qué resulta tan fácil pensar “uno más” y terminar viendo muchos más.
Pero activar circuitos relacionados con recompensa no equivale automáticamente a padecer una adicción.
No es solamente TikTok
Los estudios tampoco permiten atribuir todo exclusivamente a una plataforma.
Parte de la literatura científica analiza el consumo problemático de videos cortos, una categoría que puede incluir TikTok y otros formatos similares como Reels o Shorts.
Y aunque los investigadores utilizan conceptos como “adicción a videos cortos” o “uso problemático de TikTok”, eso no significa que cualquier persona que pase horas viendo videos tenga una adicción clínica.
Entonces, ¿TikTok está cambiando nuestro cerebro?
Todavía no podemos afirmarlo.
Pero tampoco sería correcto ignorar lo que comienza a mostrar la investigación.
Distintos estudios están encontrando asociaciones entre el consumo problemático de videos cortos y procesos relacionados con recompensa, atención, toma de decisiones y autocontrol.
La gran pregunta sigue sin respuesta:
¿el consumo compulsivo termina modificando determinados circuitos cerebrales o algunas características del cerebro hacen que ciertas personas sean más vulnerables a quedar atrapadas en ese consumo?
Resolver esa incógnita requerirá investigaciones más grandes y, sobre todo, seguir a los usuarios durante años.
Hasta entonces, hay algo que sí está claro:
la ciencia ha encontrado señales que merecen atención. Lo que todavía no ha encontrado es evidencia para afirmar que TikTok esté “inflamando” o dañando físicamente el cerebro de sus usuarios.
