Tijuana, Baja California 25 de junio de 2026.- Supergirl llega a cines con una misión complicada: demostrar que el nuevo Universo DC puede sostenerse más allá de Superman. La película, dirigida por Craig Gillespie y protagonizada por Milly Alcock, apuesta por una Kara Zor-El más rota, más impulsiva y menos luminosa que su primo kryptoniano. No busca ser la heroína perfecta. Busca sobrevivir a lo que carga.
La historia sigue a Kara en un viaje intergaláctico marcado por la venganza, el duelo y la culpa. La acompañan Ruthye Marye Knoll, una joven herida por la violencia, y Krypto, el perro que funciona como ancla emocional de la película. Desde ahí, Supergirl intenta combinar aventura espacial, western, comedia ácida y drama de trauma. A veces lo logra. A veces se le nota el esfuerzo.
Lo mejor de la película es Milly Alcock. Su interpretación evita que Kara se convierta en una caricatura de “chica rebelde”. Hay rabia, cansancio, ironía y una tristeza que aparece incluso cuando el guion no la trabaja con suficiente profundidad. Alcock entiende que Supergirl no es Superman con falda ni una versión juvenil del héroe. Es una sobreviviente. Alguien que vio morir a su mundo y que no siempre sabe convertir ese dolor en bondad.

Esa es la parte más interesante del filme. Kara no quiere ser símbolo. No quiere cargar con la expectativa de inspirar a nadie. Pero la película insiste en preguntarle qué significa hacer el bien cuando uno no se siente bien por dentro. En sus mejores momentos, Supergirl habla de eso: de la diferencia entre ser fuerte y estar sanada.
El problema es que la película no siempre confía en su propio corazón. Cuando se concentra en Kara y Ruthye, encuentra una línea emocional clara. Cuando se entrega al ruido de franquicia, cameos y humor forzado, pierde altura. La inclusión de Lobo, interpretado por Jason Momoa, puede divertir a los fans, pero también se siente más como gancho de universo compartido que como necesidad narrativa.
Visualmente, Supergirl tiene momentos atractivos. Sus mundos alienígenas, su tono sucio y su vibra de road movie galáctica la separan del brillo clásico de Superman. Hay ecos de Mad Max, Guardianes de la Galaxia y western espacial. Sin embargo, la acción no siempre tiene la fuerza que promete. Algunas secuencias se sienten confusas y otras no terminan de explotar el peso físico de una heroína capaz de atravesar planetas.
La crítica especializada ha sido dura con esos tropiezos. Varios señalan un guion irregular, un villano débil y una estructura predecible. Pero también reconocen que Alcock le da vida a una protagonista con potencial real para convertirse en una de las figuras más interesantes del nuevo DC. Ahí está la contradicción de Supergirl: no es una gran película, pero sí presenta a una gran Supergirl.
Entre los cinéfilos y primeras audiencias, la recepción parece más generosa. Muchos espectadores han conectado con el tono emocional, con Krypto y con una heroína menos solemne. Para quienes buscan una película de superhéroes ligera, con personalidad y momentos de corazón, la experiencia funciona mejor. Para quienes esperaban una obra redonda o una nueva cima del género, puede sentirse como una oportunidad a medias.
Supergirl no vuela tan alto como quiere, pero tampoco se estrella. Es una película imperfecta, entretenida y emocionalmente más valiosa de lo que su desorden deja ver. Su mayor triunfo no está en la acción ni en el espectáculo. Está en dejar claro que Kara Zor-El merece existir en pantalla por cuenta propia.
La película no reinventa el cine de superhéroes. Tampoco termina de escapar de sus fórmulas. Pero cuando Milly Alcock toma el centro, Supergirl encuentra algo que muchas franquicias han perdido: una razón humana para seguir mirando al cielo.
Veredicto: Supergirl es una aventura irregular, pero con alma. Milly Alcock despega incluso cuando la película no siempre la alcanza.
Calificación: 7/10.

