Tijuana, Baja California, 18 de septiembre de 2026.- Las conversaciones comerciales entre México y Estados Unidos pueden parecer una discusión que ocurre en Washington o Ciudad de México, pero pocas regiones tienen una exposición tan directa a sus resultados como Baja California.
Autos, acero, aluminio, reglas de origen, seguridad económica y cadenas regionales de suministro forman parte de las negociaciones bilaterales vinculadas con la revisión del T-MEC.
Este viernes, la presidenta Claudia Sheinbaum dijo que su gobierno continúa trabajando para alcanzar nuevos acuerdos comerciales con la administración de Donald Trump. México busca, entre otros puntos, reducir las barreras estadounidenses que afectan al acero, aluminio y sector automotriz.
Para Baja California no es un tema abstracto.
La entidad exportó 12 mil 946.6 millones de dólares durante el primer trimestre de 2026, su mayor registro para un primer trimestre, y aportó 8.2% de las exportaciones nacionales, según cifras de INEGI difundidas por la Secretaría de Economía e Innovación estatal.
La manufactura domina esa estructura económica.
En junio, los establecimientos manufactureros IMMEX de Baja California obtuvieron 33 mil 187 millones de pesos en ingresos procedentes del mercado extranjero, un aumento anual de 7.8%.
Por eso cuatro asuntos importan especialmente para la región: reglas de origen, aranceles, automóviles y estabilidad de las cadenas productivas.
México conserva una ventaja importante: alrededor del 85% de sus exportaciones mantiene arancel cero bajo las reglas comerciales vigentes.
El T-MEC, además, no desapareció tras su revisión de julio. México, Estados Unidos y Canadá acordaron mantenerlo vigente al menos hasta 2036 y realizar revisiones anuales.
La incertidumbre, sin embargo, sigue influyendo en las decisiones empresariales. Reuters ha documentado una desaceleración de nuevas inversiones en México mientras compañías esperan mayor claridad sobre las reglas futuras del comercio norteamericano.
En Baja California, donde fábricas, proveedores, transportistas y centros logísticos trabajan conectados prácticamente en tiempo real con California y el resto de Estados Unidos, un cambio de arancel o regla de origen puede recorrer rápidamente toda la cadena.
La conversación México-EU, por tanto, no se limita a diplomacia comercial: puede terminar reflejándose en inversiones, nuevas plantas, pedidos industriales y empleos a lo largo de la frontera.
