La Habana, Cuba, 28 de febrero de 2026.- Dos embarcaciones de la Armada de México ingresaron al canal de la Bahía de La Habana al amanecer del sábado, transportando más de 1.190 toneladas de alimentos como parte del segundo envío de ayuda humanitaria enviado por el gobierno mexicano en menos de un mes.

Los buques, procedentes del puerto de Veracruz, avanzaron lentamente hasta atracar en el antiguo puerto capitalino. El cargamento estuvo compuesto principalmente por frijol y leche en polvo. El buque Papaloapan trasladó 1.078 toneladas de frijol y leche en polvo, mientras que el Huasteco transportó 92 toneladas adicionales de frijol y 23 toneladas de otros alimentos donados por organizaciones mexicanas.

La vicecanciller cubana Josefina Vidal confirmó la llegada del primer navío a través de sus redes sociales, donde difundió imágenes del arribo frente al Castillo del Morro y la fortaleza de La Cabaña.

El envío ocurre en un contexto de aguda crisis económica y energética en la isla. El pasado 12 de febrero arribaron otros dos cargamentos similares, luego de que la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum manifestara públicamente su respaldo a Cuba y expresara preocupación por una posible emergencia humanitaria derivada del endurecimiento del cerco energético impulsado por el presidente estadounidense Donald Trump.

La economía cubana ha enfrentado una reducción significativa en el suministro de combustibles. Cuba produce apenas el 40% del combustible que requiere para su funcionamiento interno. Hasta el año pasado, Venezuela enviaba aproximadamente 35.000 barriles diarios a la isla, mientras que Rusia aportaba cerca de 7.500 barriles diarios. De enero a septiembre, México suministró en promedio 19.200 barriles diarios.

Las ventas mexicanas de crudo a Cuba alcanzaron 496 millones de dólares el año pasado, cifra superior a los 367 millones reportados en 2023. Sin embargo, una orden ejecutiva firmada por el gobierno estadounidense advirtió sobre posibles aranceles a países que continuaran suministrando petróleo a la isla, lo que generó tensiones en el comercio energético y repercusiones en la vida cotidiana cubana.

Los alimentos previamente enviados —entre ellos arroz, frijol, aceite, atún y sardinas enlatadas— fueron distribuidos en el occidente del país, donde se reportaron mayores afectaciones derivadas de la escasez de combustibles y productos básicos.

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