Tijuana, Baja California, 8 de abril de 2026.- Cada mañana, miles de personas entran al mismo tiempo a las vialidades principales de Tijuana. La Vía Rápida, Zona Río, Otay y las garitas concentran flujos simultáneos que derivan en horas de congestión, retrasos laborales y desgaste diario para quienes cruzan la ciudad o la frontera.
En otras partes del mundo, el problema no se ha resuelto con más calles, sino con una pregunta distinta: ¿y si el conflicto no es el espacio, sino el tiempo?
De acuerdo con el Ministerio de Tierra, Infraestructura y Transporte de Japón, ciudades como Tokio han promovido esquemas de horarios escalonados a través de programas como “Jisa Biz”, incentivando a empresas a permitir entradas flexibles entre las 7:00 y las 11:00 de la mañana. El objetivo ha sido reducir la saturación en trenes y avenidas durante horas pico.
Los resultados han sido medibles. Autoridades japonesas documentaron disminuciones en la congestión del transporte público, particularmente en los momentos de mayor demanda, sin necesidad de ampliar infraestructura.
En Europa, la Comisión Europea ha señalado que el trabajo flexible —incluyendo horarios escalonados— mejora la productividad y el equilibrio entre vida personal y laboral. En Reino Unido, este modelo se ha consolidado en sectores públicos y privados tras la pandemia, como parte de estrategias para reorganizar la movilidad urbana.
Un estudio sobre movilidad urbana difundido por la plataforma Ciudades Verdes concluye que redistribuir entre el 10% y el 20% de los viajes fuera de las horas pico puede reducir de forma significativa los niveles de congestión. El análisis destaca que pequeñas variaciones en los horarios generan impactos amplificados en el flujo vehicular.
En Estados Unidos, el Departamento de Transporte ha promovido esquemas similares dentro de programas de gestión de la demanda, donde empresas adoptan horarios diferenciados para disminuir presión en infraestructura vial.
China ha aplicado esta lógica a gran escala. En ciudades como Beijing, autoridades han implementado horarios escalonados en escuelas, oficinas y dependencias gubernamentales como una estrategia directa para contener la saturación en transporte público.
En México, la medida no es desconocida. Durante la pandemia, el Gobierno de la Ciudad de México impulsó horarios laborales diferenciados para evitar aglomeraciones. De acuerdo con análisis académicos elaborados por instituciones como la Universidad Politécnica de San Luis Potosí, esta estrategia permitió reducir la movilidad simultánea en espacios urbanos.
A pesar de estos antecedentes, en Baja California no existe una política estructurada que impulse horarios escalonados como herramienta de movilidad.
Especialistas en urbanismo han señalado que ciudades con alta dependencia del automóvil —como Tijuana— podrían beneficiarse de este tipo de esquemas, especialmente en corredores críticos y zonas de alta concentración laboral.
El problema, sin embargo, no es técnico.
Implementar horarios escalonados implica coordinación entre gobierno, empresas y sector educativo. También requiere voluntad política para modificar inercias laborales arraigadas, donde la entrada simultánea sigue siendo la norma.
Mientras tanto, la ciudad continúa operando bajo el mismo patrón: miles de personas intentando desplazarse al mismo tiempo, en las mismas rutas, todos los días.
La evidencia internacional apunta a que el tráfico no siempre se resuelve con más infraestructura, sino con una mejor distribución del tiempo.
La pregunta que queda abierta no es si funciona.
Es ¿por qué no se aplica?.


