Los Ángeles, 27 de julio de 2025 — Cuando Kelly Osbourne interrumpió una grabación por no soportar el sonido de una persona mascando chicle, nadie imaginó que se trataba de un trastorno neurológico poco conocido: misofonía. A lo largo de los años, varias figuras públicas han compartido su experiencia con esta condición que, según estudios recientes, podría afectar hasta al 15 % de la población mundial.
¿Qué es la misofonía?
La misofonía es un trastorno neurosensorial caracterizado por una intensa reacción emocional frente a sonidos cotidianos, como masticar, teclear o respirar fuerte. Aunque no está oficialmente reconocida en manuales psiquiátricos como el DSM-5, investigaciones científicas han identificado patrones neurológicos específicos en personas con esta condición.
Estudios recientes realizados en Estados Unidos y Europa estiman que entre el 5 % y el 18 % de la población adulta podría experimentar síntomas clínicamente significativos. Investigaciones lideradas por la Universidad Médica de Ámsterdam incluso encontraron vínculos genéticos entre la misofonía y trastornos como ansiedad, depresión y tinnitus.
Celebridades que viven con misofonía
Entre las figuras públicas que han hecho pública su lucha con este trastorno se encuentran:
- Melissa Gilbert, actriz de La Pequeña Casa en la Pradera, quien aseguró que desde niña experimentó ataques de ira y ansiedad por ruidos mínimos en el entorno.
- Kelly Ripa, presentadora de televisión, describió cómo sonidos como mascar chicle o el tecleo constante le provocan un deseo inmediato de abandonar la habitación.
- Melanie Lynskey, actriz de The Last of Us, comentó que sonidos suaves como lamer los labios pueden afectarla durante días.
- Kelly Osbourne, quien ha vivido episodios severos que la llevaron a confrontar directamente a personas en público por ruidos que disparaban su ansiedad.
Una condición invisible, pero real
Un estudio nacional con 4,000 adultos en EE.UU. reveló que 4.6 % de los participantes cumplen con criterios diagnósticos claros para misofonía, mientras que el 14.3 % presenta síntomas significativos. En el Reino Unido, estudios con la escala S-Five encontraron prevalencias del 18 %. El trastorno aún no cuenta con una clasificación clínica estandarizada, lo que complica el diagnóstico y tratamiento.
Además, se ha detectado una intensa actividad en la ínsula anterior del cerebro —zona ligada a la percepción de amenazas— en pacientes expuestos a sus sonidos detonantes. También se han identificado alteraciones genéticas cercanas al gen TENM2, lo que sugiere que podría tener una base biológica concreta.
¿Tiene tratamiento?
Aunque no existe una cura, hay estrategias para reducir el impacto de la misofonía. Algunas incluyen:
- Terapia cognitivo-conductual (TCC), adaptada para reducir la intensidad emocional ante los sonidos detonantes.
- Terapia de reentrenamiento auditivo, basada en la exposición progresiva.
- Uso de auriculares con cancelación de ruido y sonidos blancos.
- Prácticas de mindfulness para gestionar la ansiedad.
En países como Estados Unidos ya se desarrollan plataformas digitales y comunidades de apoyo específicas para quienes viven con este trastorno.
