Boston, Massachusetts, 9 de marzo de 2026.- Del estrés cotidiano a un proceso biológico complejo, científicos identificaron un mecanismo molecular que podría explicar cómo la tensión prolongada favorece la diseminación del cáncer en el organismo.

Un estudio reciente desarrollado por investigadores del Instituto de Cáncer Dana-Farber y publicado en la revista científica Nature describe cómo las hormonas liberadas durante periodos prolongados de estrés alteran el funcionamiento del sistema inmunitario, permitiendo que células tumorales escapen a los mecanismos de defensa del cuerpo.

La investigación, liderada por la científica Judith Agudo, identifica un eje molecular que involucra a los glucocorticoides —hormonas producidas por el organismo en situaciones de tensión— y un sistema de señalización celular relacionado con la eliminación de células dañinas.

El mecanismo biológico detrás del fenómeno

Cuando el organismo permanece bajo estrés constante, aumenta la producción de glucocorticoides como el cortisol. Estas hormonas interactúan con receptores presentes en ciertas células cancerosas que ya se han desprendido del tumor original.

De acuerdo con el estudio, esa interacción bloquea la vía FAS-FASL, un mecanismo que normalmente permite a las células del sistema inmunológico identificar y destruir células anormales.

Al inhibirse ese proceso, los linfocitos T y las células NK —responsables de atacar células malignas— pierden su capacidad de activar el sistema de eliminación celular. Como resultado, las células tumorales pueden sobrevivir en la circulación sanguínea y colonizar otros órganos.

Ese fenómeno forma parte del proceso conocido como metástasis, responsable de la mayoría de las muertes asociadas al cáncer.

El papel del estrés en la preparación del “terreno” tumoral

Investigaciones complementarias también han señalado que el estrés prolongado modifica la actividad de ciertos glóbulos blancos llamados neutrófilos.

En determinadas condiciones, estos producen estructuras conocidas como trampas extracelulares de neutrófilos, redes microscópicas de ADN cuya función habitual es capturar bacterias y otros patógenos.

Sin embargo, en pacientes con cáncer, estas estructuras pueden actuar como puntos de anclaje para células tumorales que circulan por el torrente sanguíneo, facilitando su fijación en nuevos tejidos y órganos.

Este fenómeno podría ayudar a explicar por qué algunos tumores logran establecerse en órganos distantes como pulmones, hígado o cerebro.

Estrés agudo y estrés crónico: diferencias clave

Los investigadores destacan que el estrés ocasional —como una reacción breve ante un evento intenso— no produce el mismo efecto biológico.

El estudio distingue claramente entre episodios temporales de estrés y estados prolongados de tensión física o emocional, asociados con factores como cargas laborales intensas, dificultades económicas o experiencias traumáticas prolongadas.

La evidencia científica sugiere que es esta exposición persistente a niveles elevados de cortisol la que altera el equilibrio del sistema inmunológico.

Tipos de cáncer analizados en la investigación

El trabajo científico se enfocó especialmente en el cáncer de mama triple negativo, una de las variantes más agresivas y difíciles de tratar debido a la ausencia de receptores hormonales comunes.

No obstante, el mecanismo identificado podría tener implicaciones más amplias.

Diversos estudios previos han vinculado el estrés prolongado con la progresión de tumores como:

  • cáncer colorrectal
  • melanoma
  • ciertos tumores sólidos de rápida diseminación

Los científicos señalan que el impacto del estrés puede variar dependiendo del tipo de cáncer y de las características biológicas de cada paciente.

Posibles aplicaciones médicas

Los investigadores también analizaron posibles estrategias terapéuticas para contrarrestar este proceso.

Experimentos preliminares en modelos animales muestran que medicamentos capaces de bloquear los receptores de glucocorticoides —como la mifepristona— podrían reducir la capacidad de las células tumorales para evadir al sistema inmunológico.

Otra línea de investigación explora terapias dirigidas a impedir la formación de trampas extracelulares de neutrófilos, con el objetivo de dificultar la implantación de nuevas colonias tumorales.

Estos hallazgos abren nuevas posibilidades para combinar inmunoterapia con tratamientos que regulen las respuestas hormonales asociadas al estrés.

Un enfoque integral del tratamiento oncológico

Los resultados refuerzan una tendencia creciente en la investigación médica que considera el estado fisiológico general del paciente como un factor relevante en la evolución del cáncer.

Especialistas señalan que el manejo del estrés, el apoyo psicosocial y la atención integral del paciente podrían formar parte de estrategias complementarias en el tratamiento oncológico, siempre bajo supervisión médica.

Los autores del estudio subrayan que cualquier intervención relacionada con el manejo del estrés o terapias adicionales debe ser evaluada por especialistas, especialmente en pacientes que ya reciben tratamiento contra el cáncer.

Share.
Exit mobile version