Playas de Rosarito, Baja California, 04 de junio de 2024. La violencia familiar es una tragedia silenciosa y creciente en MĂ©xico. SegĂşn cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad PĂşblica, en los primeros cinco meses de 2024 se registraron 119,291 casos de violencia familiar en todo el paĂs. En Baja California, se reportaron 6,104 delitos de este tipo entre enero y mayo, 642 más que en el mismo perĂodo de 2023.
Mexicali encabeza la lista con el 41.71 % de estos delitos, seguida por Tijuana con el 32.68 %, segĂşn datos de la SecretarĂa de Seguridad Ciudadana de Baja California. En tercer lugar, se encuentra Ensenada con el 13.09 %, Playas de Rosarito con el 4.29 %, Tecate con el 3.90 %, San QuintĂn con el 3.28 % y San Felipe con el 1.05 %.

Durante un seminario de prevenciĂłn para mujeres realizado en Playas de Rosarito, Lorena MelĂ©ndez Yáñez, presidenta de la FundaciĂłn Manos Unidas por Rosarito A.C., destacĂł que el 80 % de las vĂctimas no identifican las agresiones como violencia familiar. MelĂ©ndez Yáñez subrayĂł la necesidad de proporcionar a las mujeres herramientas para evitar ser vĂctimas y educar a sus hijos sobre este tema.
“Queremos decirles que la violencia familiar no es normal y si no se denuncia, puede escalar hasta exponerlas a riesgo de muerte”, advirtió Meléndez Yáñez. Además, agentes de la Guardia Nacional enfatizaron la importancia de reportar estos casos a las autoridades antes de que escalen, poniendo a disposición el número 089 para situaciones que requieran intervención.

Las vĂctimas de violencia familiar sufren consecuencias devastadoras, como problemas de salud fĂsica y mental, dificultades educativas y laborales, cargas econĂłmicas y desintegraciĂłn familiar y social. MelĂ©ndez Yáñez insistiĂł en que es crucial denunciar al 911 o al 089 con la FiscalĂa General de Baja California o directamente a la FundaciĂłn Manos Unidas por Rosarito A.C. para garantizar un seguimiento adecuado de los casos.
En conclusiĂłn, la violencia familiar en Baja California sigue en aumento, y la falta de reconocimiento de las agresiones como tal por parte de las vĂctimas agrava el problema. Es esencial la intervenciĂłn y el apoyo institucional para combatir este flagelo y proteger a las familias afectadas.



