Bangkok, Tailandia, 26 de julio de 2025.- Una nueva escalada armada entre Tailandia y Camboya ha dejado al menos 32 personas muertas y más de 168 mil desplazadas en tan solo tres días de enfrentamientos. El conflicto, que estalló el pasado 24 de julio en la frontera compartida por ambos países, ha encendido las alarmas en la región del sudeste asiático y ha motivado llamados urgentes a la contención por parte de Naciones Unidas, ASEAN y diversos gobiernos internacionales.

El punto crítico se localiza en las inmediaciones del templo Ta Muen Thom, un sitio histórico situado en territorio reclamado por ambos países desde hace décadas. La detonación de una mina antipersonal en territorio tailandés, que dejó a un soldado herido, fue el detonante inmediato del actual brote de violencia.

Durante las primeras 72 horas, se reportaron bombardeos, intercambios de artillería y fuego cruzado en zonas de Trat, Chanthaburi y Sisaket del lado tailandés, así como en las provincias camboyanas de Banteay Meanchey y Oddar Meanchey. Hospitales, escuelas y sitios considerados patrimonio cultural han sido impactados por la ofensiva.

Las cifras preliminares de víctimas indican que al menos 32 personas han fallecido —entre soldados y civiles—, mientras que se estiman cerca de 140 mil personas evacuadas en Tailandia y más de 38 mil en Camboya. Las condiciones humanitarias en las zonas afectadas se han deteriorado rápidamente, con denuncias de escasez de alimentos, atención médica insuficiente y riesgos de desplazamiento prolongado.

El gobierno tailandés declaró la ley marcial en ocho distritos fronterizos y ordenó el retiro de su embajador en Phnom Penh. Por su parte, Camboya ha pedido la intervención del Consejo de Seguridad de la ONU, denunciando el uso de armamento prohibido y ataques a objetivos civiles. Organizaciones como Human Rights Watch han solicitado a ambas partes evitar daños a la población no combatiente y respetar el derecho internacional humanitario.

Los esfuerzos diplomáticos han sido hasta ahora limitados. Malasia, en su calidad de país miembro de la ASEAN, propuso un cese al fuego que fue inicialmente aceptado por ambas partes, aunque Tailandia se retiró del acuerdo antes de su aplicación. Estados Unidos, a través del presidente Donald Trump, ofreció mediar y presionó por una desescalada inmediata, advirtiendo que los acuerdos comerciales en curso podrían congelarse si persisten las hostilidades.

Mientras tanto, las tensiones políticas internas en ambas naciones —donde líderes enfrentan presiones nacionalistas y oposiciones internas— complican la viabilidad de un diálogo sostenido.

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